Análisis histórico de la novela "Infancia y Corrupciones" de Antonio Martínez Sarrión






TÍTULO: Infancia y corrupciones
AUTOR: Antonio Martínez Sarrión
EDITORIAL: Alfaguara,1993 (Tapa blanda)
Nº DE PÁG.: 336 páginas
ISBN:  9788420481104
PRECIO: 19,55 €











Sinopsis:

"Infancia y corrupciones es un libro de memorias en su definición más precisa. La minuciosa crónica de la niñez, la despejada nostalgia de la adolescencia, brotan del corazón de la España profunda en los oscuros años del franquismo. La nostalgia, y un fascinante lirismo, acaban ganando un pulso a la rabia y al áspero sentimi ento de la compasión retrospectiva. La prosa fulgurante e imantada despierta calidades que creíamos para siempre olvidadas. La tensión verbal evita cualquier forma de naturalismo, alimentando la sospecha de que la memoria es la potencia desconocida del alma. La lucidez no excluye el humor a costa de una inédita sinceridad. Corre el lenguaje con la fuerza incontenible de las confesiones. Y si de algún modo cada hombre hubiera de repetirlo, el testimonio escrito de Martínez Sarrión revela la imperiosa necesidad de existir y la determinante capacidad de hallar la libertad en el recurso del hombre de letras". 
  

   ¡Atención! Hay spoilers.
  • Sobre el autor 
        Antonio Martínez Sarrión nació en Albacete en 1939. Figuró en la hoy mítica antología de J. M. Castellet Nueve novísimos (1970). Sus cuatro primeros libros de poesía, a partir de 1967, aparecen hoy recogidas en  El centro inaccesible (1981) con un amplio estudio de Jenaro Talens. Después han visto la luz Horizonte desde la rada (1983), De acedía (1986) y Ejercicio sobre Rilke (1988). Es autor, asimismo, de un libro de viajes, Diario Austral (1987) y de una Antología de poetas españoles del siglo XX (1984). Como traductor, ha publicado ediciones de Baudelaire, Genet, Leire, Musset, Huo y Chamfort.
  •  Resúmen de la obra: Infancia y corrupciones
         El protagonista, Antonio, nace el uno de Febrero de 1939. Nos habla de la situación de aquel año. Hacía poco acabó la Guerra Civil Española y en Eurpa el clima era de tensión, especialmente entre Francia e Inglaterra (eternos enemigos). También nos habla de Stalin y del pacto germánico-soviético de agosto.
Mientras, "la nueva España" sumida en el caos y la pobreza procuraba renacer de sus cenizas.
El protagonista es de Albacete y su padre fue a luchar a Extremadura durante la guerra, concretamente a Herrera del Duque, donde estuvo en el bando republicano. En Albacete estaban los voluntarios extranjeros de las Brigadas Internacionales.
Después nos dice que es manchego y que su familia descendía de una familia de Teruel que fue a La Mancha. Habla de Sarrión un pueblo de Turel, aludiendo así al propio apellido del autor del libro, el cual es una autobiografía. Su familia se estableció en Albacete, concretamene en Ballestero, Robledo y Bonillo.
Nos habla de su familia, de su abuela y sus tías, etc.; toda ella era republicana, hoy socialista.
Recuerda los juegos de su infancia los cuales todo era imaginación, recordando las chapas y otros, los cuales hoy están desaparecidos debido a los avances tecnológicos.
También hace referencia a la distinción entre gente pobre y gento con dinero, a la que el autor denomina "ciudad baja" y "ciudad respetable".
El protagonista fue al instituto y a la universidad.
También leía los periódicos de la época: el periódico del ayuntamiento La voz de Albacete y el ABC, además también coleccionaba cromos.
Sus primeros amores fueron la nieta del cura o la hija del dueño del casino.
También nos menciona las comidas típicas manchegas: tortilla de patatas, pisto manchego, etc.
La religión también se encuentra en toda la novela: hermitas, iglesias, curas, etc.
Ya en 1940, un año después de la guerra, el clima en la España de aquella época estaba mucho más calmado. Había una maor estabilidad no sólo política , sino también económica y social es por esto por lo que surgió el llamado "baby boom" un ejemplo de ello es el nacimiento de la hermana pequeña de Antonio y el mudarse a una casa neuva.
En esos momentos nos describe su nuevo barrio.
También nos enumera las fiesta típicas: navidad, día de la romería y fiesta de San Antón. Días después del miércoles de ceniza se celebra la fiesta del árbol. También Semana Santa, después la feria de septiembre y más tarde la fiesta de los Santos y la de los Fieles Difuntos.
Nos cuenta su vida llevándonos a las constumbres de aquella época. 
  • Contexto histórico de la novela 
        Dictadura y democracia.
     Entre 1939 y 1943, mientras la segunda guerra mundial azotaba Europa, el general Franco, instauró En España un régimen totalitario, basado en el partido único. Pero entre 1943 y 1945, la dictadura se encaminaba hacia un remedo de democracia que le permitió congraciarse con los vencedores del conflicto.
A la muerte de José Antonio Primo de Rivera, Franco se erigió en depositario no sólo de su legado ideológico, sino también de sus restos. Fusilado el 20 de noviembre de 1936 en la prisión de Alicante, José Antonio se convirtió para los vencedores en el "ausente" por antonomasia. En noviembre de 1938 se celebraron los primeros funerales oficiales en su memoria, con ocasión de los cuales Raimundo Fernández Cuesta, secretario general de F.E.T. y de las J.O.N.S., dirigiéndose al "ausente", declaró: "La armonía y la unidad de España, de sus hombres y de sus tierras, la está haciendo, con el estilo militar que tú querías, la espada del Caudillo, que no dudó de ti, que creyó en tu corazón y que, como tú, ama a España". La apropiación de la figura del "ausente" por Franco culminó en la increible operación del traslado de los restos de José Antonio desde Alicante hasta la basílica del Monasterio de El Escorial, en 1939, en una vasta marcha fúnebre a pie, que se prologó diez días  y diez noches; luego serían trasladados de forma definitiva al Valle de los Caídos.
Cuando el día 1 de abril de 1939, Franco declaró acabada la contienda civil, las bases del "Nuevo Estado" ya estaban edificadas. Su espina dorsal sería un ejército monolítico, del que Franco era generalísimo. En 1938 se estableció la estructura interna del ejecutivo, presidido por Franco, quien disponía de cierta capacidad legislativa.
El establecimiento de un partido único, F.E.T. y delas J.O.N.S., fue consagrado por el decreto de Unificación del 19 de abril de 1937, siendo Franco su jefe y también el de sus milicias, con potestad para nombrar a sus dirigentes. Franco, como jefe nacional del mismo, sólo respondía de sus hechos "ante Dios y ante la Historia".
Los principios ideológicos del régimen fueron proclamados en el Fuero del Trabajo en marzo de 1938, estableciendo el Estado Nacional, conforme a la tradición católica e imperial. El Fuero mantenía la propiedad privada de los medios de producción, y aseguraba la intervención del Estado en la ordenación del trabajo, de los salarios y de la economía; jerarquizaba el universo laboral a partir de la obediencia al jefe de la empresa y prohibía otras organizaciones obreras que no fuesen el sindicato corporativo y declaraba las huelgas como delitos contra la patria. En 1940 se decretó la unidad sindical.
             La "democracia orgánica".
         En 1942 fueron creadas las cortes españolas como órgano de colaboración en la elaboración de las leyes, pero la potestad legislativa continuó atribuida en exclusiva al jefe del estado. La institución formal de las cortes se realizó en marzo de 1943, tratando con ello de dar mayor representatividad a la dictadura, basada no en el sufragio universal, sino en el sufragio de carácter corporativo. La evolución política mundial se halla tras la promulgación del fuero de los españoles. Los objetivos de esta "carta magna" del régimen eran establecer las libertades individuales que se respetaban siempre que no atentasen contra las leyes del estado totalitario, lo que en la práctica no supuso ninguna modificación sustancial del franquismo.
Dentro de la falsa aceptación de mecanismos de representación política con que la dictadura trató de cubrirse destacó la promulgación de la ley de referéndum nacional, que permitía consultar a la población, mediante sufragio universal, acerca de leyes de transcendencia fundamental. Los referénmus franquista fueron una farsa para dar respetabilidad a la dictadura.
           La represión.
       La consecuencia más visible de la derrota republicana fue el exilio de miles de personas, de las que alrededor de 1/3 regresó a España entre finales de 1939 y la caída de Francia en 1940. En el interior, al amparo de la legislación represiva, los detenidos políticos eran condenados en juicios militares sumarísimos y de urgencia, sin garantías jurídicas, en los que, contradiciendo la más elemental norma de drecho universal, los acusados eran considerados culpables y debían demostrar su inocencia a través de defensores militares. Las pruebas procedían de denuncias anómimas; los acusados eran imputados del delito de rebelión militar. Las senticias solían ser de cuatro grados: 6 años y un día por auxilio a la rebelión, 12 años y un día por incitación a la rebelión, 20 años y un día por apoyo a la rebelión, y pena de muerte por rebelión. Si ésta era conmutada, lo que sucedía al cabo de 15 o 20 meses de esperar la resolución, el imputado quedaba condenado a 30 años de cárcel.
El arsenal jurídico que el franquismo empleó para neutralizar a la oposición se desarrolló tras la "victoria" de forma inquietante, destacando especialmente la ley de responsabilidades políticas, de 1939, aplicable a quienes se hubieran opuesto al "Movimiento" desde 1934. Este armazón legal inquisitorial se completó con la ley de represión de la masonería y el comunismo y la ley de seguridad del Estado.
El miedo, la indefensión y la arbitrariedad eran omnipresentes; pocos podían estar completamente seguros de no pasar por la cárcel o por el destierro, o de poder ejercer su profesión sin ser "depurados" en caso de no demostrar una inquebrantable adhesión al "Golorioso movimiento nacional". Resoluciones que, además, no contemplaban la apelación.
La vida en los centros de detención fue durísima, manteniéndose en estas condiciones hasta los años cincuenta. En la etapa del maquis fue disminuyendo, y las ejecuciones se hicieron más excepcionales.
             La resistencia.
         La inmediata posguerra se caracterizó por la continuación de la actividad clandestina de las principales organizaciones políticas y sindicales republicana, especialmente anarcosindicalistas y comunistas. Los anarquistas y los comunistas fueron los grandes impulsores de la guerrilla, el maquis, especialmente activa entre 1944 y 1947. Los socialistas mantuvieron sórdidas disputas internas entre "prietistas" y "negrinistas" que impidieron su actuación decidida hasta que el aparato socialista quedó en manos de los "prietistas". El principal problema de la oposición en el interior y en el exterior fue su permanente división, que redundó en la permanencia de la dictadura.
  • La Autarquía
        Al término de la guerra civil, España adoptó una actitud ambivalente respecto de los contendientes en la segunda guerra mundial, hasta que se hizo evidente la victoria aliada. Mientras, los españoles vivieron una época difícil, producto de las destrucción causadas por la contienda y de las limitaciones impuests por la  política autárquica del régimen.
       El acercamiento al eje.
       El gobierno franquista sabía que la escalada bélica alemana iba a conducir a la guerra, y que España no podía intervernir en apoyo del Eje por problemas derivados de la reciente posguerra. Por eso, España se declaró neutral. Tan sólo tras el desplome del frente francés y la entrada de Italia en la guerra (1940), España se alineó más decididamente con el eje.
Mientras las tropas españolas invadían Tánger, Franco se comprometió a aliarse con Hitler, aunque señaló que necesitaba víveres, carburante y material bélico, exigiendo contrapartidas territoriales en África. No interesó a Hitler la oferta española, pues pensó que sus tropas sacarían más partido de los equipos militares; además, era contrario a  la expansión territorial de España en el Magreb, pues debía realizarse a costa de Francia, país con el que Berlín acababa de firmar el armisticio y al que precisaba como aliado. El 23 de Octubre, Franco y Hitler se entrevistaron en Hendaya; Alemania acababa de perder la batalla de Inglaterra, y España mantuvo una postura ambigua.
El 23 de octubre de 1940, Franco y Hitler se reunían en la estación de ferrocarril de Hendaya - (Foto del archivo del ABC)
Desde 1941, Hitler cambió el escenario de la guerra al atacar a Rusia, y la entrada de España en el conflicto se hizo menos necesaria. Con todo, el régimen organizó la División Azul, que combatió con los alemanes en el Frente Este.
             La aproximación a los aliados.
            En 1942, cuando se hacía evidente que se produciría un desembarco de los aliados en el norte de África o en la Península Ibérica, Franco se entrevistó en Sevilla con el dictador portugués Antonio de Oliveira Salaza, lo que constribuyó a neutralizar las tendencias pro-eje del régimen español. En Sevilla, Franco se comprometió a mantenerse neutral; luego mantuvo contactos indirectos con los aliados. Estados Unidos hizo saber al régimen que no sería atacado si mantenía la neutralidad, lo que Madrid confirmó tras la constitución, al mes siguiente, del "bloque ibérico" con Portugal. El avance de los aliados hizo aconsejable que España se acogiese nuevamente al estatuto de neutralidad, lo que hizo que se repartriara a la División Azul.
              La autarquía.
          Para España, la política autárquica, cuyo objetivo era lograr la autosuficiencia económica, fue una necesidad hasta 1945. En plena contienda mundial, sin comercio exterior, sin capital extranjero, sin materias primas (lo que obligó a sustituir el petróleo por gasógeno) y sin bienes de equipo que pudiesen insuflar nueva vida al tejido productivo, no cabía otra opción.

Carrera de automóviles equipados con gasógeno, motivo de un anuncio publicitario. La posguerra fue la época de la escasez y del sucedáneo: gasógeno, y no gasolina; malta, y no café...

La política autárquica fue un desastre, y aunque la situación derivada de la guerra no era un punto de partida esperanzador, lo cierto es que la producción agrícola de preguerra no se restableció hasta 1948, y la del sector secundario, hasta 1950.
En el ámbito agrícola, ya durante la guerra se había iniciado en la zona nacional la contrarreforma agraria, devolviendo los latifundios a sus dueños. La penuria alimentaria forzó la promulgación de la ley de intensificación de cultivos que pretendía aumentar la superficie agrícola, objetivo que no alcanzó. Alrededor de la tercera parte del trigo fue a parar al mercado negro, donde, a pesar de las leyes que castigan a los que practicaban el "estraperlo", se vendía a precios mucho más elevados que los oficiales. Se sumaron las malas cosechas derivadas de un ciclo climático adverso. El fracaso de la política agrícola se evidencia en el hecho de que la cartilla de racionamiento, que se estableció en 1939 con carácter circunstancial, estuvo en vigor durante 12 años.

 
 
La cartilla de racionamiento era de tres clases, según el nivel de ingresos; la de "pobres" permitía hacerse con más provisiones, y en ella se inscribieron la mayoría de españoles de las clases altas y medias. - (foto de archivo del ABC)
A nivel industrial, la política gubernamental se guió por dos leyes promulgadas en 1939: la de fomento de la industria nacional y la de ordenación y defensa de la industria nacional, propia de una economía de guerra, que pretendían lograr la autosuficiencia productiva apoyada en una indstria ligera capaz de sustituir importaciones, y la consolidación de una industria bélica que garantizase una efectiva independencia nacional.
La debilidad de la inversión privada llevó a crear el Instituto Nacional de Industria (I.N.I.), que desempeñó un importante papel en la producción hidroeléctrica, de carbón y carburantes. La utosuficiencia no se consiguió por la falta de equipos modernos, de mano de obra especializada y de materias primas.
Fueron las clases más pobres las que financiaron la reconstrucción del país, a pesar de que descendió su nivel de renta durante ese período.
  • Relación estrecha entre la historia y la obra literaria.
        Los años de la posguerra representaron, desde todos los puntos de vista, una época sombría para la sociedad española. A las dificultades económicas se sumó una represión desmedida, con la que los vencedores buscaron eliminar hasta sus últimos vestigios cualquier afán de resistencia de la España derrotada y de la influencia social o cultural que aún pudieran ejercer sus representantes. Bajo el prisma de la más estricta catolicidad, la moral y la cultura tuvieron que acomodarse a las exigencias de la homogeneidad que precisaban los nuevos tiempos.
Al terminar la guerra civil, España era un país destruido. Tres años de combates, que habían asolado grandes prociones del territorio, y cientos de miles de hombres movilizados en los dos ejércitos habían provocado enormes pérdidas en la industria y los transportes, y una reducción dramática del nivel de vida de la población. Esto era especialmente cierto en la zona republicana, que soportó el lento y destructivo avance de las fuerzas enemigas durante tres años sin que su población, urbana en mucha mayor proporción que la del otro bando, dispusiera de las mismas posibilidades de alimentarse.
Al terminar la contienda, fue necesario, pues, mantener la estricta economía de guerra, que ponía en manos de la administración la distribución de los siempre escaoss productos de subsistencia. Organizaciones oficiales, como Auxilio Social, intentaban paliar los estragos del hambre en las zonas vencidas distribuyendo alimentos en comedores públicos. A las destrucciones industriale sy a la falta de abonos se sumarían, además, alguanos años de escasas lluvias que agravaron las dificultades de la agricultura. pronto se hizo necesario crear un organismo centralizado, la "Comisaría de Abastos", que impuso en todo el país la cartilla de racionamiento, cuyos cupones permitían a su poseedor adquirir modestas cantidades de alimentos de primera necesidad: pan, azúcar, carne, huevos, etc., así como tabaco o gasolina. Esta penuria, que tuvo efectos desastrosos sobre la salud de la población, obligaría a mantener el racionamiento hasta 1952. 
Los propósitos igualitarios del nacionalsindicalismo se estrellaban contra la realidad de la existencia de vencedores y vencidos. Cientos de miles de estos últimos purgaban largas condenas de cárcel y otros muchos habían perdido su trabajo, víctimas de las depuraciones. Los excombatientes franquistas y los miembros el partido único gozaban de ciertos privilegios, que se multiplicaban conforme se ascendía en el nivel social o político. La corrupción apareció muy pronto, y el mercado negro de alimentos y medicamentos permitía a los especuladores hacer grandes fortunas traficando clandestinamente con productos a precios muy superiores a los del restringido mercado nacional.
El protagonista del libro nos sitúa en la posguerra española y en el clima de tensión europeo de aquella época. 
"Así pues, mientras Europa estaba en guerra, la "nueva España" sumida en el caos y la pobreza procuraba renacer de sus cenizas " (I.C., p. 19-20)
Toda esta situación de pobreza y hambre descrita anteriormente se refleja muy bien en el libro, el cual hace alusión a esta situación:
"Albacete era una ciudad desabastecida, hambrienta y confusa..." "...en la ciudad desabastecida, hambrienta y confusa, le proporcionó a los míos unos botes de leche condensada que, según la mitología familiar, impidieron la desaparición de este mundo, porque la desnutrición y el raquitismo se habían cebado en mis escasos meses. Una gallina o dos, manjar principesco en medio de aquellas hambrunas". (I.C., p. 25)
 La inmensa mayoría de los obispos y del clero había apoyado la sublevación de 1936, y vio en la causa franquista una nueva cruzada. Consciente de que este apoyo era una de sus más firmes fuentes de legitimación, el nuevo Estado se definió como confesional, y pretendió organizar la vida de los españoles conforme a los más ortodoxos cánones de la doctrina de la Iglesia.
El clero asumió, por tanto, un papel fundamental en la ordenación de la moral y de las costumbres de la población, al tiempo que colocaba su enorme influencia espiritual al servicio de los valores políticos de la dictarua. Este mestizaje ideológico, que más tarde sería concocido como nacionalcatolicismo, se reveló como un eficaz instrumento de control social, y marcó de forma indeleble la menalidad de varias generaciones de españoles.
La religiosidad experimentó un auge extraordinario en aquellos años, en buena medida a consecuencia de las vivencias de la guerra. Las vocaciones nutrían como nunca seminarios y conventos, y la devoción popular, abiertamente fomentada por el régimen, se traducía en todo tipo de manifestaciones públicas de culto.
Con la victoria franquista, el sistema educativo volvió a ser plenamente confesional en todo el país. Se abolió la coeducación de los tiempos republicanos, y una durísma purga de profesores en todos los niveles docentes aseguró la homogeneidad de los nuevos equipos, integrados en un alto porcentaje por religiosos. También las relaciones familiares fueron sometidas a una ortodoxia más estricta, con la supresión del divorcio, la obligatoriedad del matrimonio religioso, el estímulo a la natalidad y todo tipo de medidas de presión para garantizar la transmisión de la moral católica en el seno de las relaciones familiares.
Es por esto, que después de la guerra había una mayor estabilidad no sólo política, sino también económica y social, por lo que surgió el llamado "Baby boom", un ejemplo de ello es el nacimiento de la hermana pequeña de Antonio (el protagonista de la novela) y el mudarse a una casa nueva, donde nos describe su barrio. (I.C., p. 44)
Además, como consecuencia de toda esta religiosidad surge el fervor religioso, produciéndose aparaciones marinanas. (I.C., p. 155)
La vida cultural española de la posguerra sufrió las consecuencias del exilio de un gran número de intelectuales y artistas que habían hecho causa común en el bando derrotado. Personas del prestigio del médico Severo Ochoa, el arquitecto José M. Sert, el poeta Rafael Alberti o el cineasta Luis Buñuel, por citar sólo cuatro casos, debieron desarrollar su labor en el extranjero. Así por ejemplo Martínez Sarrión menciona a los emigrantes que viajaban al extranjero, concretamente a México (I.C., p. 158). Aquí también menciona que algunos regresaron a España.
Los vencedores establecieron un férreo control sobre la cultura. La censura cinematográfica y la literaria, en manos de sacerdotes, falangistas y militares, impedía la publicación de cuantas obras discreparan en lo más mínimo de los criterios morales, políticios o religiosos del nuevo estado. En este gris panorama de los primeros años cuarenta escribían autores consagrados como Benavente, Azorín, Marquina, Jardiel Poncela o los Hermanos Álvares Quintero, junto con nuevos valores como Dámaso Alonso, Camilo José Cela, Ignacio Agustí o Carmen Laforte.
También la prensa (Destaca la revista de humor de la posguerra "La Codorniz") está sometida al estrecho marcaje de la censura oficial, y las consignas gubernamentales obligaban a los directores de las publicaciones a publicar u omitir noticias y comentarios. Muchos periódicos fueron cerrados durante y después de la contienda, y otros muchos fueron nacionalizados y colocados bajo la gestión del partido único. Una sola agencia estatal de noticias operaba en el territorio nacional, y todas las salas cinematográficas emitían un informativo popular, el N.O.D.O. , de fuerte contenido político.
Un ejemplo claro de censura que podemos ver en la obra de Martínez Sarrión se encuentra en este pequeño texto, aunque este tema está presente en toda la obra:

"Fueron mi abuela y sus dos hijos las que fueron a prisión por su "religiosidad clandestina", aunque no pasaron mucho tiempo en la cárcel, sí encautan todo lo que había en su casa: las cosas de valor y los muebles y especialmente los libros que había en ella fueron confiscados" (I.C., p. 35)

Aquí vemos un ejemplo de represión y de censura, incluso ya durante la guerra, pues lo comentado ocurrió en el 38.
Además, es interesante este otro texto donde el autor cuenta que poco a poco fue creciendo en un clima hostil:

"... entre... relatos de guerra, oraciones por los mártires, partes de Radio Nacional de España y reniegos contra todas las encarnaciones del mal absoluto, cuyos apellidos o apodos nada contribuían, al contrario, a mermar el el odio y el desprecio con el que en mi medio, se pronunciaban" (I.C., p. 36)

Con este comentario y otras alusiones que el autor da, podemos observar que la familia de Antonio era socialista. Además, este comentario puede ser común a casi todos los niños que crecieron en época de posguerra. Un ambiente, en el cual se seguía recordando la guerra, aún todavía fresca y reciente en el ambiente, y en la que se perdieron muchas vidas y hubo muchos desaparecidos, deahí la relevancia que el autor da a las noticias de Radio Nacional de España, única emisora que se podía escuchar por aquel entonces. Así, las madres recordaban y contaban otdo lo sucedido a sus hijos, especialmente para que éstos supieran quienes habían sido sus padres, los cuales murieron por defender una causa y unas ideas.
Al ser su familia del bando de los "rojos", el autor recuerda los comentarios hechos con odio sobre figuras que destacaron en la guerra: Negrín, Azaá, Casares, Quiroga, Largo Caballero, Prieto... (I.C., p. 36)
Entre los espectáculos, el más prometedor era el cine, pese a las penurias econímicas de la época. Producidas fundamentalmente por la empresa Cifesa, se realizaron gran cantidad de polículas de orientación nacional-católica, con contenido bélico, épico-histórico o religioso; también triunfaban las comedias rosas. Las películas extranjeras sufrían una fuerte censura, aunque la proximidad del triunfo aliado permitió la llegada de mucho cine norteamericano a partir de 1942.
Entre los deportes, el fútbol era el deporte rey convertido ya entonces en un fenómeno sociológico. Otros espectáculos más tradicionales seguían despertando gran fervor. La fiesta taurina tuvo como gran figura a Manolete, en competencia con toreros como Marcial Lalanda o Domingo Ortega, y la canción "española", co figuras como Estrillita Castro, Concha Piquer o Miguel de Molina (exiliado en 1942), seguía siendo la preferida por el público más popular.

Martínez Sarrión alude durante toda su obra al entretenimiento por excelencia de la época era la fiesta nacional: los toros. Ejemplos de ello los podemos encontrar en las páginas 46 - 47 de la edición de la editorial Alfaguara.
La revista, un género musical de más empaque, en el que sobresalía la personalidad de Celia Gámez, sobrevivía bajo la atenta vigilancia de una censura que aplicaba en los escernarios los rígidos criterios de moralidad que regían para el resto de las manifestaciones culturales.
Además, el papel de la mujer estaba relegando al de ama de casa, pues incluso a las hijas se educaban para ello:

"... fueron iniciadas por su madre en las habilidades y tareas hogareñas para lograr hacer de ellas las ideales candidatas a esposas y madres de familia" (I.C., p. 49-50)

Desde tiempo atrás en la historia, la enfermedad de moda era la tuberculosis, en esta época también era la enfermedad que esta a la orden del día, comparándola con la enfermedad de nuestros días que es el S.I.D.A.:

"El tuberculoso producía por entonces no menos rechazo en los sanos que en el enfermo de sida actual" (I.C., p. 50)

El autor también alude a la distancia y al aislameinto que aún seguía teniendo España, incluso después de la guerra:

"... Que pasó, de batalla en la India en su juventud poco menos que como los héroes de Homero, a hacerlo, ya en la Segunda Guerra Mundial, frente a las pantallas de los radares y sonares electrónicos más sofisticados. Tal es la distancia de aquella sociedad española de los cuarenta y la actual" (I.C., p. 48)

Además, el franquismo buscó un modelo de formación de niños y jóvenes que respondiera a las pautas ideológicas del nuevo estado. Los libros de texto fueron elaborados conforme a las pautas ieológicas del nuevo estado. Los libros de texto fueron elaborados conforme a la moral católica (Niños y adultos debían tomar el sol con prendas que evitasen "que las pasiones se desborden con lujuriante actividad") y la doctrina política del régimen. Durante la guerra y se habían unificado los movimientos juveniles falangista y carlista en el Frente de juventudes, cuyos miembros, entre los que reinaba una estricta separación por sexos, podían ingresar a los siete años como "pelayos", los niños y "margaritas", las niñas. Entre los diez y los catorce años, todos eran "flechas" y luego, hasta los dieciocho, los chicos eran "cadetes" y las chicas "flechas azules". Para aquellos que fueran luego a la universidad, funcionaba un único sindicato estudiantil, el S.E.U. El frente de juventudes realizaba una intensa labor doctrinal, al tiempo que les daba formación premilitar. Su revista "Flechas y pelayos" era un semanario infantil que dirigía fray Justo Pérez de Urbe; sus páginas estaban llenas de historias ejemplares, destinadas a desarrollar el espítitu patriótico y religioso de los niños. Destaca también por su tono formativo el semanario "Chicos", sin carácter político, y gozaban de estupenda acogida los tebeos de aventuras más o menos exóticas, como "El capitán Centella" o "Roberto Alcázar y Pedrín".



  • Conclusión
          El autor de la obra literaria "Infancia y Corrupciones", A. Martínez Sarrión, con su novela nos acerca a una época principal de la historia de España: la posguerra. Una época en la que los niños eran educados de forma muy distinta a los de hoy, haciendo distinción de sexos. Además fue una infancia dura debido a la época de hambruna, una adolescencia en la que la mayoría tenía que trabajar para ayudar a sus familias económicamente, sólo algunos privilegiados llegaban no sólo al instituto, sino también a la universidad, pues su familias tenían una mayor holgura económica.
Nos acerca pues a una época de represión y censura vista desde el punto de vista de un niño al principio y después de un adulto que intenta comprender toda aquella época tan dura pero también llena de nostalgia para él.

  • Bibliografía 
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    • EPIPO RESEÑA: La cultura española durante el franquismo. Mensajero, Bilbao, 1977.
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    •  FONTANA, J. (ed.): España bajo el franquismo. Crítica, 1986.
    • PAYNE, S.G.: Franco y José Antonio. El extraño caso del fascismo español. Planeta, 1997.
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    • TAMAMES, Ramón: La República. La era de Franco (1931-1970). Alianza Editorial - Alfaguara, Madrid, 1978.
    • TUSELL, J.: La España de Franco. Biblioteca Historia 16, nº 1, Madrid, 1989.










  

Comentarios

  1. Hola, Mari Carmen.
    ¡Qué buen trabajo! Me encanta cómo has enfocado el análisis de la obra. Así se comprende mejor su lectura. ¡Felicidades por esta entrada tan interesante!.
    Saludos!

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    1. Muchas gracias!!
      Me alegro que el análisis de la novela desde el punto de vista histórico te haya gustado. Opino lo mismo que tú. Si conoces la historia que rodea al personaje entiendes mejor la obra. Espero que sigas visitando el blog.

      Saludos!!

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